No importa si hemos andado largas horas por el camino del amor o no, pero es innegable que todos hemos cometido errores en él. ¿Cuál será el mayor problema: amar demasiado o no amar lo suficiente?

Parece ser que ambas terminan en una intersección de dos caminos: o te aman igual o es totalmente lo contrario. ¿Qué será del ser humano que busca sentarse al lado de esa persona, que le gusta recibir un beso en la mejilla y una despedida de buenas noches? 

Fuimos hechos para vivir en grupo, para darle amor a los demás y recibir de ellos, en teoría, el mismo aprecio en respuesta. Pero, en la vida real eso es tan literal como el hecho de que ames a alguien que te ame exactamente igual a ti, es decir, es casi imposible… 

Casi nunca encuentras una persona por la cual tus días se van pensando en, a la que imaginas en la vejez o compartiendo el rol de padres sin importar lo que pase, a aquella persona que te gusta ver, que el pensar en ella te saca una sonrisa, que el buscar en qué podés ayudarle es una satisfacción y no una obligación, o el simple hecho de que te gusta oír cómo estuvo su día.

Ilusamente pensamos que esa persona a llegado y al pasar del tiempo, nos enteramos que definitivamente no lo era, pero llegan aquellas ocasiones en que nada muestra lo contrario y el corazón palpita fuertemente ante la posibilidad… ¿Cómo callarle cuando aún a la falta de fundamentos no se rechaza la teoría de que se llegado a conocerle? Es evidente, tal vez, que más bien al no haber razones para mantenerla, se debe quedar en el olvido…